“Los que esperan”, de Miguel Torres López de Uralde

Hoy recomiendo este libro de autor malagueño que ha sido para mí toda una revelación. Conocí al autor y me sugirió otro segundo, que me gusto tanto o más que el primero.

No sólo el autor es malagueño, sino que la trama se desarrolla en Málaga capital, en concreto en el Hospital Carlos Haya, donde los distintos personajes se encuentran en la sala de espera de UVI y comparten sus historias, sus tristezas.

También es un libro que abre en canal del debate de la eutanasia, y los hace desde un aspecto tan humano que pareciera salir de una historia real aunque sea ficción. Es en libro lo que “Mar adentro” en cine, salvando las distancias.

Conocí a Miguel en una ocasión en que invité a autores malagueños a una iniciativa de “bookcrossing”, esto es, a dejar sus propias obras en espacios al aire libre para quien quisiera los “rescatara”, los leyera, y los devolviera a otro espacio público donde quiera que fuese. Cien libros de autores malagueños fueron depositados desde la cafetería del Museo Picasso, a los jardines de la catedral, a la Avenida de la Aurora.

La idea fue la de dar a conocer a nuestros autores malagueños por sus buenas obras, como yo hago ahora al recomendar esta obra de Torres de Uralde. Muy pronto espero recomendar “Lausana” de Antonio Soler, que está sobre mi mesita de noche esperando a ser devorado. ¡Que corto es el tiempo que tengo para leer más!

“La buena vida”, de Alex Rovira

Como en otros casos,  excelente recomendación de un amigo, que sirve para reflexionar sobre aquello que supuestamente sabemos pero olvidamos demasiado pronto.

Una lectura muy certera para estos tiempos de incertidumbre, que recuerda que en toda crisis hay elementos de oportunidad.

Subrayé una frase, que sirve de cabecera,de Eduardo Galeano que transcribo para quien no tenga la oportunidad de leerlo “La utopía está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja dos pasos….¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”.

En el túnel de la línea 1 del Metro

Metida en harinas -mejor dicho en barro- hoy pisamos los primeros 100 metros del túnel que lleva desde la Avda.  Louis Pasteur hasta el otro lado de la autovía.

Es curioso sentirse dentro de lo que dentro de poco será el espacio donde la gente se desplazará con normalidad al trabajo o por razones de ocio. El metro de Málaga.

Tengo esa sensación cuando viajo en Ave a Madrid, porque yo ya visité como responsable de Industria el túnel  del Valle de Abdalajís. Fui en un trenecillo minero entonces, cuando estaba la línea en obras. Y ahora visito el futuro metro a pie. Pero con la misma ilusión y certeza de volver a vivirlo y disfrutarlo como proyecto colectivo.

Es hora de dejar de fumar

Muchos –si no la inmensa mayoría- probamos o empezamos a fumar a edades tempranas por demostrar que somos mayores. Vamos, por cuestión de hombría –o de “hembría”, en el caso de las chicas.

En el día mundial sin tabaco, nos desplazamos a un instituto de Málaga porque es allí, en las tempranas etapas de la educación, donde el trabajo en lucha contra el tabaco debe empezar y hacerse cuanto antes. Las cifras son tremendas. A los 11 y 12 años ya un 18% ha experimentado alguna vez el tabaco, y a los 13 y 14 años ya un 11% de niños y un 18% de niñas ya fuman asiduamente. Uff, la verdad es que cuando conocí las cifras que acabo de poner me llevé las manos a la cabeza. Mi hija tiene 12 años ¡horror!

En ese Instituto pregunté a los enfermeros que se desplazan a los colegios e institutos para hacer programa antitabaco, que cómo convencen a los chicos para no fumar o para dejar el hábito, en su caso. Imagino que los argumentos de que uno puede morir o que puede verse aquejado de un cáncer serán difíciles para ellos. Los jóvenes se creen inmortales. Yo recuerdo que cuando mi madre me impedía (y muy severamente) montar en moto por temor a los accidentes, yo pensaba que aquello era una “chorrada” y de hecho burlaba su vigilancia en la creencia de que ningún accidente me podría tocar a mí.

Por eso, me dijeron los sanitarios responsables del programa, ellos usan otros argumentos: se te van a poner los dientes amarillos, los besos saben mal, la piel se estropea si fumas… Claro, la estética, y las relaciones de pareja, sí son argumentos. Todo vale para convencerlos, sin duda. Lo importante es que los jóvenes no copien nuestros vicios y errores, mejor es que inventen ellos los suyos propios!